Technovation, el programa que busca a niñas que lideren y diseñen proyectos tecnológicos

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En la actualidad, hay muchas menos mujeres que hombres dedicadas a la tecnología y, en particular, a la programación. Tanto si miramos la cifra de estudiantes matriculados en Ingeniería Informática en la universidad, como si nos fijamos en los profesionales de los departamentos de tecnología de las empresas, o incluso en las clases extraescolares de robótica infantil en los colegios, nos damos cuenta que la participación femenina es porcentualmente mucho menor que la masculina.

Hay muchas razones para que esto sea así como son los factores socioculturales, una educación típicamente más tradicional para las niñas en la que no se las motiva a que elijan carreras técnicas, sino todo lo contrario, los técnicos son los niños, y a ellas se las desmotiva. A esto tenemos que añadir la falta de modelos femeninos en este ámbito o la idea de modelos equivocados, porque, al fin y al cabo, ¿quién quiere ser identificado con el estereotipo del programador aislado, absorto ante una pantalla y con limitadas habilidades sociales?

Antes de argumentar que hombres y mujeres somos distintos y nos gustan cosas diferentes, es importante saber que, inicialmente, la programación fue un trabajo de mujeres hasta que el desarrollo software cobró más importancia que el hardware, que fue cuando los hombres se hicieron con la profesión.

El declive de la presencia de la mujer en la informática coincide con el momento en el que los ordenadores personales llegan a los hogares en los 80. El marketing de los nuevos dispositivos, casi juguetes inicialmente, se dirige a los chicos jóvenes. Esto inicia una brecha que llega hasta la universidad porque son ellos los que llegan sabiendo, cosa que no había pasado hasta ese momento. Y, por ello, de un 36% de mujeres matriculadas en carreras técnicas en los años 80, hemos pasado en España a un 12%, según el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), muy por debajo de la media de los países de nuestro entorno que es un 19%, una cifra también poco alentadora.

Es, por esto, que el programa Technovation es tremendamente efectivo. Cada año, durante cuatro meses, niñas de 10 a 18 años son invitadas a participar en la mayor competición de tecnología y emprendimiento social del mundo. Guiadas por sus mentores, trabajan creando un plan de negocio y programando una aplicación móvil para resolver un problema que ven en su comunidad. Culminan el programa exponiendo su trabajo ante un panel de profesionales del mundo de la tecnología en eventos en los que se juntan cientos de chicas participantes.

La ONG Iridescent inició Technovation en 2009 con tan solo 50 niñas en el corazón de Silicon Valley. Enseguida se dieron cuenta de que para conseguir el impacto buscado, la única solución era permitir la participación libre en el programa desde cualquier punto del mundo. Así es como más de 20.000 niñas de 120 países han participado en Technovation hasta el momento. En España, por primera vez en el año 2016 cuando participaron 27 chicas, pero fueron creciendo rápidamente el interés con 250 en 2017 y 1.000 en 2018. Este año ya contamos con más de 1.500 inscripciones y se celebrarán competiciones regionales en Madrid, Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana, Murcia y Canarias. Juntas crearán aplicaciones sobre salud, pobreza, medioambiente, educación, igualdad, paz y cualquier otro problema que ellas perciban a su alrededor, usando la tecnología como herramienta para solucionarlo.

El objetivo es inspirar a niñas y jóvenes para que se conviertan en líderes e innovadoras, creadoras de tecnología y no meras consumidoras, superando así “la trampa del instituto”. Así es como se ha llamado a este alejamiento de la tecnología por parte de las niñas en su adolescencia, cuando intentan evitar ser criticadas por sus compañeros y también por sus compañeras, y no ser señaladas como “raras”.

Un 58% de las niñas que participan en Technovation realiza después otros cursos relacionados con la programación, se logra una normalización, y las participantes consideran que la tecnología es una opción para ellas como carrera profesional. A lo largo del proceso, se cultiva además la relación personal entre las participantes y el sentido de comunidad.

En definitiva, un proyecto con el que perseguimos inspirar, apoyar y acompañar a niñas que sueñen con ser emprendedoras. Niñas que cuando sean adultas no lleguen ni si quiera a saber qué significaba eso del “El techo de cristal”. Niñas que vuelen alto y contribuyan a cambiar y mejorar el mundo en el que quieren vivir.

Lorena Martín Carbonell

Presidenta de Power to Code

lorena@powertocode.org

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